Tony Moggio: hay personas que cambian nuestra forma de mirar la discapacidad

Hoy he conocido a una persona que decidió seguir avanzando
Hay personas a las que conoces durante unas horas y, sin embargo, sientes que permanecerán contigo durante mucho tiempo.
Hoy he conocido a Tony Moggio.
No quiero empezar hablando de los más de 700 kilómetros que acaba de recorrer impulsando una handbike únicamente con la fuerza de sus brazos.
Tampoco quiero empezar hablando del accidente que cambió su vida.
Quiero hablar de otra cosa.
De la emoción.
De ver cómo un pueblo entero le esperaba para recibirle.
De los aplausos.
De las sonrisas.
De los niños observándole con admiración.
Y de la naturalidad con la que él respondía a todo ese cariño.
Mientras le veía llegar pensé que aquello ya no era un reto deportivo.
Era otra cosa.
Era el reconocimiento a una persona que había decidido seguir avanzando cuando la vida le obligó a cambiar de camino.
Muchas veces hablamos de accesibilidad como si fueran rampas, ascensores o plazas de aparcamiento.
Y claro que todo eso es imprescindible.
Pero hoy he recordado que la accesibilidad también son las personas.
Las que organizan un recibimiento.
Las que preparan un itinerario para que alguien pueda recorrerlo.
Las que creen que todos merecemos vivir las mismas experiencias.
Quizá por eso este encuentro me ha emocionado tanto.
Porque, salvando las enormes diferencias entre nuestras historias, conozco bien esa sensación de escuchar demasiadas veces lo que supuestamente no vas a poder hacer.
A Tony le dijeron muchas cosas.
A mí también.
Y, sin embargo, aquí estábamos los dos.
Él, llegando a la penúltima etapa de un desafío extraordinario.
Yo, contándolo para que otras personas descubran que existen destinos, profesionales y personas que creen en una accesibilidad que abre puertas en lugar de cerrarlas.
No hacemos lo mismo.
Ni falta que hace.
Cada uno ha encontrado su manera de aportar.
Tony lo hace demostrando que todavía puede sorprender al mundo con la fuerza de sus brazos.
Yo intento hacerlo recorriendo destinos, compartiendo experiencias y convenciendo, poco a poco, de que viajar debe ser un derecho y no un privilegio.
Mientras hablábamos durante la comida me di cuenta de algo muy sencillo.
Los grandes retos nunca terminan en quien los consigue.
Siempre llegan un poco más lejos.
Porque hay alguien que los ve y piensa:
«Quizá yo también pueda hacerlo.»
Y ese pensamiento puede cambiar una vida.
Gracias, Tony, por recordarnos que siempre merece la pena seguir avanzando.
Y gracias a Herault Tourisme, La Domitienne, Julie, Claude y a todas las personas que han hecho posible que hoy viviéramos una jornada tan especial.
Hoy no he conocido a un héroe.
He conocido a una persona que un día decidió que su discapacidad no escribiría el resto de su historia.
Y eso, probablemente, sea mucho más importante.
